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Perdió la Copa Sudamericana desde el momento en que no supo que los goles de visitante contaban doble y cuando su técnico, con ventaja de 2-0, echó al equipo para atrás, para intentar garantizar al resultado.- Davino y Castromán, expulsados; Lucas no debe volver al futbol mexicano.- Arbitraje con tendencias, pero sin influenciar
América perdió anoche la final de la Copa Sudamericana, porque lejos estuvo de comportarse con la grandeza necesaria, ante un adversario que con humildad y mayor valor terminó por alzarse con un trofeo, aunque el marcador global haya sido 4-4, y esta noche Arsenal haya perdido 2-1.
América perdió desde el mismo momento en que se dijo engañado por un reglamento que según los directivos mexicanos no estipulaba que el gol de visitante contaba doble, en caso de empate en el global.
Y volvió a perder cuando esta noche, con ventaja de 2-0, su técnico Daniel Alberto Brailovsky, lleno del verborragia televisiva, acusaba al árbitro de haberlos robado, cuando en realidad fue él, cuando echó el equipo hacia atrás, cuando renunció a darle al América su primer título internacional.
Pero no fue todo, el comportamiento de Lucas Castroman es para que dicho jugador, refuerzo según, regrese a México, habiendo entrado para tratar de salvar el pellejo de su entrenador, se hiciera expulsar tontamente.
Un autogol en el primer lapso y un golazo de ese chiquitín Silva le estaban dando la Copa a un América que jugó mejor que Arsenal, pero que tuvo bastante fortuna en el primer lapso, cuando en por lo menos dos ocasiones los disparos argentinos fueron al travesaño.
Tras el 1-0, Arsenal adelantó líneas y América no fue el mismo y el partido se trabó, con mejores posibilidades para el cuadro local que no se concretaron.
En América, Insúa tirado a un costado, no era el enlace necesario con Cabañas, que tenía que bajar demasiado para armar una jugada.
El complemento no cambió, pero América encontró en una de las pocas subidas de Silva por el costado izquierdo, un zurdazo que enmudeció el estadio “Juan D. Perón” de Racing, donde Arsenal era local.
Y es que Silva, normalmente un carrilero por ese sitio, se obligaba a marcar la salida de San Martín por el centro, entonces era más volante que delantero, sin entender Brailovsky que el negocio del América estaba por esa banda, donde el marcador no atinaba a cerrar o a marcar bien.
Pero el “Ruso” tenía preparada otra sorpresa cuando sacó a Rodrigo López para meter a Ismael Rodríguez.
Cambio de miedo, de un perdedor, de un chico, y América es grande, es mucho, pero muchísimo más que este honorable Arsenal que se coronó anoche, aunque su técnico no lo comprenda de esa manera, y trate de minimizar su primer fracaso al no calificar a la liguilla y éste último, el peor de todos, porque fue también gracias a él.
Se terminó todo para el equipo que más gastó con miras a la campaña que en México está por terminar para obtener al campeón, se acabó la aventura internacional de un América que esta noche arrastró el prestigio ganado a pulso, y que hoy no supo defender con hombría, gallardía e inteligencia.
El ÁRBITRO
Podrán decirse muchas cosas del colombiano Óscar Ruiz, pero sus equivocaciones no fueron al resultado. Se comió dos penaltis, uno de cada lado. Expulsó bien a Davino y mejor a Castromán, que se vio que no tenía ganas de jugar. Eso sí condicionó con amonestaciones a toda la zaga americanista, pero eso, “Ruso”, no es un robo.
Y lo que sí es incomprensible es que teniendo en tus manos al equipo más importante de México en una final, le hayas jugado al “canelas” para defender la ventaja.
Los goles
Minuto 17: Acierto de Rojas al desbordar por el sector izquierdo, llegar al fondo y meter el centro, que Díaz, en su afán por despejar, metió en su portería. Autogol claro.
Minuto 64: el chamaco Silva aparece cerrando por izquierda y mete un zapatazo cruzado, abajo, que se transforma en golazo.
1-2. Minuto 83: con América metido en su área y Arsenal sumando ofensivo, vino el servicio a Andrizzi que pasó entre Villa y otro americanista y ante el cruce tardío de Davino, cruzó el balón a la izquierda de Ochoa. Fin del sueño, principio de la pesadilla. |