lui songCuando hace una década Liu Song debutó con la Selección argentina en el Mundial de Birmingham (Inglaterra), su vocabulario castellano se reducía a tres palabras: “Asado, mujeres y Boca”. Hacía dos años que se había afincado en el Bajo Flores con su familia, dueña de una lavandería, tras ser miembro del equipo nacional juvenil chino. Llevaba dos años sin competir oficialmente cuando fue redescubierto.

Liu se mudó a Europa y pasó por Alemania, Croacia y Francia, donde vive actualmente. Su vocabulario está más amplio, aunque las frases salen sin artículos y los verbos vienen en infinitivo. Pero las ideas se entienden. “Fue un partido bárbaro. A mí me faltó paciencia. Tal vez perdí porque no pude usar la camiseta con los colores de Boca”, dice con un guiño.

El “argenchino” había jugado una semifinal súper sólida ante el paulista Hugo Hoyama, ganándole por 4-2 (11-4, 11-7, 7-11, 11-7, 6-11 y 11-7). Además de su calidad para manejar los ritmos y su consistencia, Liu consideró fundamental para su éxito haber usado una chomba Joola (la marca alemana que lo viste) azul y amarilla, colores xeneizes.

La definición del oro era ante el “dominicano” Ju Lin, un chino nacionalizado que había dejado en el camino a otro local, Thiago Monteiro, por un apretado 4-3 (11-4, 9-11, 12-10, 9-11, 6-11, 11-9 y 11-9). Así se repetía la definición de Santo Domingo, cuando Liu perdió con su compatriota, quien recién pisaba el país cuya bandera defendía.

Ayer, en el Pabellón 4B del Complejo Ríocentro, Liu salió “perdiendo” porque en el sorteo su rival ganó color de camiseta y se puso una azul. El nuestro debió ponerse una verde para un encuentro palo y palo. Liu se plantó en ataque, dándole con un fierro, y Lin, de contra, respondiendo pelotas flotaditas a dos metros de la mesa. Parecía que en el sexto y en el séptimo chicos Liu lo cerraba (finalizó 4-3: 11-9, 8-11, 11-8, 8-11, 6-11, 11-9 y 11-6), pero una contractura en la pierna izquierda lo atacó en momentos clave. No buscó excusas, sí una salida irónica: “Las finales son para ganarlas. Me faltó la remera, je, je”.

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