Legnani empezó con los bolos a los cinco años porque el que después fue su coach quiso levantarse a la tía y le regaló una bola de boliche…
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Cuando se habla de bowling, es imposible dejar de asociarlo a las figuras de Homero Simpson o Pedro Picapiedra en acción. O a alguna salida de amigotes tirando bolas a la marchanta con más espuma y muzzarella que técnica. Pero nunca se piensa en un pibito de cinco años que, gracias a un intento de levante, se convierte en medallista panamericano.
Lucas Legnani no tiene una historia común en el deporte. “Generalmente en esto se entra por familia. Tenés a alguien que juega y te lleva. Yo no. Un día estaba de compras con mi tía María por el bowling Snack de Martínez y un tipo se acercó a charlar con ella. Para quedar bien me dijo si quería jugar y me regaló una bola. Qué máquina debía tener, porque yo era un nene de cinco años. Al final el señor, que se llamaba Pedro Merani, terminó siendo mi entrenador. Si pasó algo con mi tía no sé, pero a mí me cambió la vida”. No sólo el bowling se convirtió en el centro de su existencia, sino que Lucas terminó atendiendo el Proshop (tienda) de la bolera de Libertador al fondo, en la que Ricardo Dalla Rosa, el otro representante nacional, es su socio.
El bonaerense (campeón sudamericano 2004 y 06) empezó limpiando al chileno Harold Gálmez en octavos de final, por 624-591. En cuartos su víctima fue el venezolano Raindey Chávez, por 667-617. En semi lo esperaba el estadounidense Rhino Page, miembro de la dupla campeona, competencia en la que Argentina fue quinta. En la primera línea, Legnani se impuso por 247-223 con un gran juego. Pero en la segunda, se superó y clavó un score de 279: de 12 tiros metió 11 strikes (cuando se voltean los diez palos con una sola bola). El yanqui, el mejor amateur de su país, necesitaba tres strikes al hilo para forzar un desempate. El pulso no le tembló y lo logró. En los dos tiros extra, derribó un palo más y debieron ir al bueno. Page se mantuvo al frente y le tocaba cerrar a Legnani, quien debía conseguir tres strikes seguidos. Un leve error significó un split (dos palos que quedan separados) y aunque fue derrota por 217-186, se ligó una ovación.
Ayer, en el Barra Bowling (ubicado en el shopping más grande de Río de Janeiro), si bien afuera de la cancha el bar tenía clima de sábado por la noche, adentro el aire se cortaba con cuchillo. Ya lo había anticipado Lucas, cuando ganó la clasificación en la que tomaron parte 32 bolichistas (se impuso con un total de 1.852 palos; Dalla Rosa terminó 18ø y quedó afuera). “Vas a ver que en cuanto se avanza hacia la definición todos estamos más tensos, los que jugamos y los que miran. Es que un error, por mínimo que sea, te complica un juego”, avisó. Palabras casi proféticas de este pibe de 28 años, que quiere hacer la gira profesional de Europa para luego, si da, meterse en el poderoso circuito norteamericano.
Una hora más tarde, borrón y cuenta nueva ya que esperaba el canadiense Jason Kovack, al que derrotó sucesivamente con marcadores de 209-197 y 210-202, para lograr la primera medalla de la historia. Y todo, gracias a la tía…
fuente Ole