En Semana Santa se decidía el Argentino de wakeboard. Los hermanos Edgardo y Juan Martín definían el título y la plaza panamericana. En uno de los trucos, Juan (el menor, de 28 años) se golpeó contra una contención de cemento y debió ser operado de urgencia en el Hospital de Ezeiza, primero, y en el Británico, más tarde. Los médicos le salvaron la vida pero debieron extirparle un riñón y el apéndice. Edgardo (Cutún) se prometió una medalla para regalarle a su hermano, que no pudo acompañarlo a Río.
Y cumplió. En la final de ayer, Cutún realizó un prolijo trabajo de figuras, de una solidez tal que pareció que los tres jueces (de Brasil, Canadá y Estados Unidos) se habían quedado cortos al dar su puntuación de 76,98. Y fueron generosos con el local Marcelo Girardi, oro con 88,46, y el canadiense Brad Buskas, plata con 81. Como decía Jorge Renosto, presidente de la federación argentina: “Si hubiésemos tenido 400 dólares para el pasaje habría habido un juez argentino y los totales serían diferentes. Pero somos una federación pobre”.
Cutún, de 31 años, no se hacía drama y era todo alegría al borde de la Lagoa. “Estoy muy feliz de que mi prueba haya debutado en los Juegos Panamericanos y yo sea el representante nacional, entre tantos riders de calidad. Como no pude entrenarme demasiado por el frío que hacía en Buenos Aires preferí hacer una rutina sin errores. Tal vez podría haber arriesgado un poco más, pero quería una medalla para la Argentina y para llevarle a Juan. Si yo no venía acá, el representante nacional era él. Esto es para toda la familia”, explicó el hijo de Edgardo, gloria del esquí náutico argentino. Juan, desde la Argentina, agradecido y feliz.